viernes 24 de diciembre de 2010

domingo 19 de diciembre de 2010

A casa por navidad

Recuerdo cómo le brillaban los ojos a mi madre cuando me abrió la puerta y exclamó:

- Has vuelto a casa por Navidad, hijo mío, pensé que no vendrías.

No es la única; yo también pensé que no vendría. Porque esta no es mi casa, aunque no soy capaz de decírselo a mi madre.
No es mi casa, hace ya demasiado tiempo que me fui de aquí. Esta casa es la de mi infancia, la de mi juventud en la que lo único que ocupaba mi pensamiento era la forma de salir de ella. La casa de quien fui y ya no seré más, tanto si me gusta como si no.

El árbol en la esquina del recibidor, el belén encima de la mesita, las lucecitas en las ventanas... los conozco, a todos, hemos pasado mil navidades juntos. Son como los familiares: muchos años juntos y no acabas nunca de comprender qué lazos te unen a ellos.

En mi otra casa también poníamos algunos adornos, cuando a mi mujer le entraba esa ansiedad de tener una navidad feliz a toda costa. Recuerdo cómo lo decoraba todo y me pedía mi opinión una y otra vez, con la angustia escondida en sus ojos, buscando mi aprobación, mi complicidad, que le dijera que todo estaba muy bonito.
Dicen que eso se llama magia simpática, aquello de simbolizar las cosas, de atraerlas mediante objetos. En esas fechas mi mujer se convertía en hechicera, intentaba atraer una feliz navidad a la fuerza, atándola con oropeles y cables luminosos, crucificándola en árboles que tirábamos cuando ya Marzo andaba bien entrado.
Pero la magia no funcionó, nunca. Año tras año se intentó, pero la realidad siempre supo imponerse. Esa realidad en la que íbamos a celebrar las fiestas con los amigos o con otros familiares a casas llenas de niños que correteaban con sus regalos, abriéndolos o tratando de abrirlos hasta en sus sueños. Esa realidad que hacía que a mi mujer se le llenaran los ojos de lágrimas, que volvía nuestra conversación apagada y forzada a medias.

Y después regresábamos a casa y mirábamos nuestros propios regalos, demasiado evidentes por la ausencia de aquellos que realmente debieran haber estado allí. Esas noches nos íbamos a dormir y cada uno se quedaba en un extremo de la cama, durmiendo con sus fantasmas propios que no deseábamos compartir.

Hace ya un par de años de eso. Después no hubo árbol, ni belén, ni luces en las ventanas. Personalmente nunca les vi sentido, como jamás se lo vi a esa magia en la que mi ex mujer creía. Ya no hubo días especiales, se mimetizaron todos entre ellos hasta que daba igual que fuera uno u otro. Yo me entretenía con mis cosas, tratando de no escuchar el tremendo y perpetuo silencio, comiendo de cualquier manera y en cualquier habitación para no tener que hacerlo una vez más solo frente al televisor. Queriendo olvidar que sólo podía hablar ya con esos fantasmas míos porque no había nadie más con quien hacerlo.

Pensé que no vendría a casa este año, demasiada soledad se vuelve vicio y hace que la compañía resulte amarga y absurda. Pero mi madre no tiene la culpa, ni mi padre ni mis hermanos; ellos tienen su propia magia de navidad, una que sí les funciona.
No me importa contemplarla, aunque siempre me quedo pensando por qué a algunos les funciona la magia y la navidad cuando a mí siempre me han fallado.

He vuelto a casa por navidad, aunque no es mi casa. Pero la que se supone que es mía, esa en la que resido la mayor parte del tiempo, tampoco lo es. Sólo es un edificio donde mi corazón nunca quiere entrar por encontrarlo frío y solitario.

Donde más que vivir sobrevivo, a la vida, al silencio, a la navidad que es como el resto del año.

jueves 9 de diciembre de 2010

Novedades

Por motivos de organización de contenidos es muy probable que haya mudanza y Cuentos de ninguna parte se vaya a WordPress. Aunque ya está en marcha el proyecto para que este rinconcinto ascienda de blog a web pura y dura, es de prever que tardará un poco en realizarse.

Ya lo dije en el anterior post, tengo intención de inaugurar un par de secciones nuevas y, francamente, me gustaría que las entradas tuviesen un orden, una configuración menos caótica que la que ofrece blogspot. Eso sí, si es posible usar el mismo nombre en dos sitios distintos mantendré abierto este de blogspot, para que no se pìerdan vuestros comentarios y probablemente hasta que la web con mayúsculas, subrayado y comitas de adorno esté lista.

La semana que viene traeré algunos relatos navideños. Y algún otro de fuera de temporada.

Hasta entonces, os saludo.