Este relato lo escribí y narré en un taller de relato breve al que acudí por un tiempo. La gracia del ejercicio consistía en que la primera frase te la daba el profesor, y de ahí en adelante tú te inventabas el relato, cosa que no es tan sencilla como parece. Aunque se me ocurrieron varias historias, esta es la que más se ajusta a mi estilo.
Y creo que les gustó , aunque me esté mal decirlo...
Hágase!
Con esa frase quería fundar el mundo e inaugurar la historia.
Eran una buena frase y un buen mundo. También era su proyecto de fin de carrera, y si los dioses mayores lo aprobaban, pasaría de ser un dios menor a convertirse en uno de los grandes e influyentes, y todo el mundo se volvería loco intentando averiguar qué diablos quería y cómo complacerle.
El día del concurso, el pequeño dios se aseguró mediante engaños y sobornos de que su proyecto quedara colocado en un lugar de privilegio, el tercero junto a la mayor fuente de luz disponible, una bombilla a la que alguien llamaba sol y a la que, en cuanto él fuese un dios más importante, cambiaría el nombre por el de “foco”, mucho más técnico y actual . No temía a los dos proyectos que se juzgarían antes que el suyo: uno era pequeñísimo y todo de roca, y el otro sufría efecto invernadero y de seguro quedaría descalificado. A los otros seis proyectos que se examinarían no merecía ni la pena tomarlos en consideración, salvo al de los anillos, que había que reconocer que era muy vistoso.
El jurado se paseaba ya entre los dos primeros proyectos, haciendo preguntas y examinándolo todo concienzudamente. El diosecillo brincaba impaciente de un pie a otro, recolocando una montaña que se había torcido en el transporte o cambiando de sitio un río que en realidad ya estaba perfectamente colocado. Y entre retoque y retoque llegó su examen.
La evaluación duró bastante rato, porque hubo mucha pregunta y curiosidad. Uno de los grandes dioses, de hecho, parecía interesadísimo y no paraba de preguntar cosas que el diosecillo, casi atragantándose de orgullo, contestaba con gran profusión de detalles y un palito con el que señalaba las características mas destacadas.
- Y dices que todo esto es agua... – preguntó el examinador metiendo un dedo en mitad del Pacífico.
- Sí, pero no agua vulgar, ¡es agua salada!.– contestó el diosecillo muy orgulloso.
- Qué bien pensado y cuánto gasto y molestia– comentó el gran dios mesándose la barba.
- Qué va – respondió el diosecillo, encantado porque lo de gasto y molestia sonaba a aprobado -, es que ya había usado agua dulce en los ríos y en ese lago de... allí – señaló -. Quería introducir una cierta variedad.
- Notable, notable. ¿Y estas montañas rellenas de...? – preguntó el examinador, que no paraba de apuntar cosas y nombres en su cuaderno y se había rezagado respecto a los otros dos, que lanzaban exclamaciones mientras contemplaban Urano.
- Ah, esto. Lo llamo lava, señor, una especie de mezcla multifase. A veces sale hacia arriba, por la boca de la montaña. Aún no sé por qué.
Después de muchos ohs y ahs, el gran dios estrechó la mano del diosecillo, felicitándole por tan magnífico proyecto. También le pidió que lo dejase en la sala de exámenes, para que los grandes dioses pudiesen observarlo con más detenimiento.
- Tendrás noticias mías – le aseguró mientras avanzaba para reunirse con los otros -. Muy pronto.
El diosecillo no cabía en sí de gozo y ya veía su nombre en los libros de mitología; el aprobado era seguro, hasta era posible que no tuviese que pasar por el odioso periodo de prácticas que le obligaría a mandar en un panteón junto a otros dioses, lo cual siempre acababa en trifulcas.
¡Quizás ascendiese de golpe a deidad única!
El resto de la semana lo pasó el diosecillo ideando nuevas mejoras para su mundo y celebrando su inminente ascenso. Hasta que una mañana se encontró en el correo una carta del gran dios, que le citaba al día siguiente para discutir algunos detalles.
El diosecillo acudió muy nervioso y se quedó sorprendido al ver que la sala estaba casi a oscuras y el examinador solo. Cuando le preguntó al respecto, el gran dios contestó con evasivas, arguyendo que tenía una duda y no quería comentarla delante de los otros por no deslucir la muy favorable impresión que el proyecto había provocado.
- Mi duda es – dijo el gran dios mirando al diosecillo de reojo,- mi duda es, ¿has pensado en poner en marcha este proyecto?
- Oh, sí - respondió el diosecillo muy contento -. Hasta tengo la frase que lo inaugurará.
- ¿De veras? ¿Y cuál, si puede saberse, será esa frase? Porque, como futuro dios, tendrás que escogerla con cuidado. A ver, dímela al oído.
El dios menor susurró unas palabras al gran dios, que, como quien no quiere la cosa, se volvió hacia el proyecto de mundo.
El diosecillo nunca lo vio venir.
- ¡Hágase la vida! – tronó el gran dios -. Magnifico, mag... oh, vaya, parece que he puesto en marcha algo.
Ambos contemplaron como el pequeño proyecto se llenaba de pequeñas cositas que se movían de un lado a otro, comiéndose unas a otras con entusiasmo.
- Cuánto lo siento – dijo el gran dios con aire contrito -. No pretendía.... y no tiene mucho arreglo, porque he creado y no puedo desentenderme de mi creación, sería una irresponsabilidad... Bueno, no te preocupes, desde luego quedas aprobado y la semana que viene empezarás tus prácticas como dios en el panteón de 1ºB, pasa por secretaría para el papeleo. Yo cuidaré de mi... tu mundo.
Y se alejó murmurando algo parecido a “¿Tierra?" mientras el diosecillo contemplaba desolado aquel mundo que él había creado y del cual nunca sería dios.
miércoles 14 de abril de 2010
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1 comentarios:
muy bueno!
saludos"!
se le invita a mi blog"
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