miércoles 21 de octubre de 2009

Un desafío

Una de las cosas que tiene la afición a escribir es que de vez en cuando llega alguien y te propone un reto. En lugar de darte una pistola como Dios manda, te da un puñado de palabras y un número determinado de líneas, y ahí te deja , sin padrino ni nada, para que te las compongas como puedas.

Esto más o menos fue lo que ocurrió en el caso de este relato. Un amigo me propuso escribir algo que contuviese obligatoriamente las palabras ajo, maceta, nieve, micrófono, ducado (ah, cuánto le odié por este ducado!) y velero, y que no ocupase más de veinte líneas.

Es por eso que parecerá que haya cortado el relato y pegado lo que me ha dado la gana; pero me pareció buena técnica el dejarlo tipo capítulo, y que mi amigo se entretuviese imaginando qué pasó antes y que ocurrió a continuación.

Aquí os lo dejo, esperando que al menos os haga pasar el ratillo (no puede llegar uno a rato en veinte líneas por mejor voluntad que le ponga).

PD: el relato de mi amigo fue mucho, muchísimo mejor. Me di de cabezazos cuando vi su sencillez tan efectiva, en vez de la complicación de vida que me traje yo.

En fin...

AjO

¿ Para qué servían esas estructuras de piedra llenas de torres? Quizás eran tan altas y redondas porque esperaban que en ellas aterrizara algún tipo de nave.
Ese fue el primer error de AjO.
Muchos zorgs más tarde, AjO seguía recordando bien su sorpresa cuando, al querer cruzar un rudimentario puente, lo que a todas luces parecía un robot salió furioso a demandar explicaciones. Él intentó comunicarse en varios idiomas, porque de seguro el robot no hablaba terrestre. Pero sí que lo hablaba, y a un volumen nada adecuado.
Tampoco sabía AjO lo que era un ducado, cosa que el robot demandaba sin cesar, amenazándole con denegarle el paso si no recibía uno.
Intentó que la indignada maquina le explicase aquel misterio, pero ésta no atendía a razones y parecía cada vez más agresiva.
AjO optó por dar media vuelta e irse, dejar al extraño androide en paz. Su error número 15.437, los había contado. Porque el robot, rabioso, se quitó la cabeza, ese modelo tan pasado de moda que parecía más bien una maceta, y de ella surgieron grises e hirsutos cabellos.
¡Un robot con pelo! ¡Aberración, un híbrido de mecanoide y humano! ¡Prohibido por la Federación e ilegal en más de veinticinco planetas! Decidido, AjO se largaba de allí, daba por concluida su accidentada misión de exploración. Se teletransportó a toda prisa hasta su maltrecho velero interestelar, y, micrófono en mano, bajó a tierra, y lanzó al cielo una llamada de recogida y auxilio. Pero el cosmos guardó silencio, nada bajó de él salvo los primeros copos de nieve.