Foto sacada de stock.schngVivimos en un mundo de ventanas. Vayas a donde vayas, mires a donde mires, habrá alguna cerca.
Ojos que normalmente miran en una única dirección, yo las contemplo, preguntándome quién hay detrás, quién mira a través de ellas.
¿ Me mirarán a mí, a su vez?
Las observo, son viejas conocidas ya. Ese gran ventanal que da a una terraza y del que nunca sale luz alguna, ¿vivirá alguien allí, o es un cristal que duerme porque nunca nadie contempla nada a través de él?. O esa ventana pequeña, tan igual a todas las demás pero de la que siempre sale un resplandor suave, cálido, una suerte de luz que me hace sentir ganas de ser invitada a esa casa, porque sólo por esa luz ya me parece amistosa, como si quisiera decirme que probablemente allí seré bienvenida. Quiero pensar que quienes allí moran son felices, deberían serlo con una ventana así.
Pero también mienten las ventanas, las cortinas ocultando miles de pequeñas tragedias, al igual que esconden decenas de secretos y cientos de alegrías. Quizás una de esas ventanas amistosas tenga detrás a alguien que se siente solo, que busca él mismo otra ventana que le dé la bienvenida a él. Quizás parezca cálida desde fuera y encierre un mundo frío, una vida helada, gris, y lo oculte irradiando engaño. Las ventanas también tienen su orgullo.
¿Y esas ventanas hostiles, que te miran fijamente y casi por encima del hombro, desafiantes? ¿Esas que te escupirían un cristal en el ojo en cuanto te descuidases?. ¿ Qué les pasa a esas ventanas? ¿ Por qué nunca hay flores en su alfeizar, por qué siempre tienen el marco metálico y las cortinas de un blanco desvaído?
Creo que son unas ventanas muy inseguras, llenas de complejos de inferioridad que las vuelve agresivas, como si así pudieran compensar todas sus debilidades. Pobres ventanas, ojalá alguien les dijera que por ellas también entra la luz del sol y el reflejo de la luna...
Odiosos son esos imitadores de ventanas que son los escaparates. Miras por ellos y ves un mundo muerto, poblado por plagios de humanos perfectos, congelados en una pose, en una moda, en una estación. Jamás te devuelven la mirada, porque se saben observadas, estas pseudo ventanas tan presumidas, tan pagadas de sí mismas, tan acostumbradas a que todo el mundo las mire. Si supieran que la mayor parte de la gente las mira sin que les importe nada lo que ven...
Las ventanas ciegas son las más tristes de todas. Las cerraron con párpados de ladrillos, con tablas en cruz, y las redujeron a meras cuencas. Pero hay algo detrás, todos lo sabemos porque muchos atisbamos por las rendijas a ver si lo vemos. Yo alguna vez lo hice, incluso me atreví a quitar un par de ladrillos, procurando no hacer ruido a ver si la ventana se quejaba al ser herida por el sol después de tanto tiempo de oscuridad. Nunca oí nada. Ventanas ciegas y mudas, y tristes, muy muy tristes.
Veo miles de ventanas ahora, mientras el tren me lleva a mi casa. Veo esas ventanas chismosas, tan juntas, vecinas de fachadas horribles. Vuelvo la vista hacia el otro lado, para no darlas de qué hablar, y veo otras ventanas, muchas, miles, y aunque es de noche y hace frío, y todo está muy oscuro, pienso en que si miras desde muy, pero que muy arriba, puede que las ventanas, unidas al resto de las luces de la ciudad, parezcan un campo de estrellas. Y sonrío, porque vivo en mitad de ese campo de estrellas de aquí abajo, en este mundo lleno de ventanas. Por que una de esas estrellas que quizás se pueden ver desde muy, pero que muy arriba es mi propia ventana.
¿ Quién sabe? A lo mejor alguien se ha fijado en ella, y se fue pensando “qué ventana tan cálida, o tan fría, o tan insegura”.
