Al principio no eran muchos: pequeños e inocentes papá noeles de trapo que colgaban de unas pocas ventanas.
Hacían buen efecto. Encantador, opinaba la gente, sonriendo.
Al año siguiente ya no eran unos pocos, sino cientos. Y, tres años después, miles, millones de papá noeles colgaban de las ventanas.
Nadie se dio cuenta de lo que ocurría; nadie pensó que, aquel aciago 24 de Diciembre, aquellos miles, millones de simples adornos darían la señal de ataque, saltando de los alfeizares al interior de las casas.
Cuando lo impensable ocurrió, la raza humana apenas tuvo tiempo de gritar.
lunes 12 de enero de 2009
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