Juro que ésta es la última vez.
Cuando me dijiste que necesitabas un poco más de espacio, a pesar de que sólo llevábamos juntos tres meses, debí hacer caso a las alarmas que sonaron en mi cabeza, avisándome de que realmente más valía poner distancia de por medio si en tres meses estábamos ya con esas. A la semana siguiente ya habías tenido suficiente espacio. Y yo había aprendido a ignorar mis alarmas. Eh, las dudas son normales al principio, ¿no?. Hay que ir con calma, que no cunda el pánico.
Cinco meses más tarde, ya no había problemas de espacio. Ahora el problema era yo, no podías aguantarme más, te agobiaba. Y aunque no tenías razón, aunque todo sonaba a excusa, traté de convencerte de que podíamos arreglarlo, de que sólo era un bache. Tras perder buena parte de mi dignidad llorando, entré en una aceptación resignada. Cortar era lo mejor, y eso hicimos.
Esta vez tardaste muy poco en cambiar de opinión; como si fuera una especie de Jesucristo, tres días tardé en resucitar en tu corazón. Y caí, caí de nuevo, alegremente y con esperanzas renovadas.
Llevábamos ya cerca de año y medio cuando decidiste de nuevo que lo nuestro no podía ser, que éramos incompatibles. Y aunque yo comenzaba a estar de acuerdo contigo, aunque sólo fuese en eso, una loca tenacidad desechaba todas las razones de mi lógica, impidiéndome dar el asunto por terminado. Pero lo terminaste tú por mí.
Me prometí a mí misma que hasta aquí habíamos llegado, que nunca, nunca más. Pero cometí dos errores. El primero fue tomarme tres copas de más en ese bar al que tú nunca querías ir pero en el que decidiste (¡Oh, casualidad!) plantarte el día de mi cumpleaños, sin duda sabiendo que, como todos los años, yo estaría allí celebrándolo, aunque siempre afirmaste que no fuiste por eso, que tus amigos se empeñaron en ir, y claro, pues fuiste detrás. Y pasó lo que tenía que pasar, ya se sabe que en las relaciones tormentosas tres copas de más llevan a la perdición, a base de hacer tambalear las férreas decisiones de la voluntad.
Podría haber quedado ahí la cosa, como una especie de homenaje a un desastre que ya había durado demasiado tiempo, pero cometí mi segundo error: devolverte los cds que habías dejado en mi casa, y que por alguna razón necesitabas muy urgentemente. Las alarmas hicieron un tímido intento de hacerme comprender la trampa que me tendías, pero el corazón entró en piloto automático, y aunque con cada paso que daba hacia tu casa se repetía el mismo mantra ("¿Qué estoy haciendo?" "¿Pero qué estoy haciendo?"), la especie de hipnosis en la que me hallaba sumida seguía haciéndome avanzar. Y así llegamos, dando tumbos, a los dos años y medio.
Ya ni recuerdo las razones que surgieron entonces, todas sonaban siempre a lo mismo, a campanas fúnebres en la noche. Y, como venía ocurriendo desde que nos montamos en ese extraño tiovivo del que quería a la vez o bajarme o girar más rápido, lo dejamos para volver una semana más tarde.
Ayer discutimos de nuevo. Tenemos muchas cosas sobre las que discutir, demasiados trapos sucios acumulados en este tira y afloja interminable, demasiadas armas arrojadizas forjadas en casi tres años de encuentros y desencuentros. Pero se acabó, del todo, nunca más volveré a caer. Juro que ésta vez es la última.
Hmmmm.... Sí, ya.......
sábado 9 de agosto de 2008
jueves 31 de julio de 2008
Os presento...
A un viejo amigo y su curioso blog. Lástima que se pueda descubrir tan poco de una persona tan sumamente interesante como él a través de una página web. Pero, oye, algo es algo. El blog es ameno y sus experiencias están bien narradas (y eso que yo ya las conozco en su versión oral), aparte de encontrar una serie de consejos y reflexiones que a más de uno pueden servir de ayuda.
Todo lo demás ya lo cuenta él mismo. Yo sólo tengo la gran fortuna de poder contarle entre mis amistades más cercanas y de poseer un trocito de muralla china (nunca supe qué hacer con él, pero como tenerlo lo tengo, eh).
Que lo disfrutéis.
http://corazonchino.zoomblog.com/
Todo lo demás ya lo cuenta él mismo. Yo sólo tengo la gran fortuna de poder contarle entre mis amistades más cercanas y de poseer un trocito de muralla china (nunca supe qué hacer con él, pero como tenerlo lo tengo, eh).
Que lo disfrutéis.
http://corazonchino.zoomblog.com/
Suscribirse a:
Entradas (Atom)